Proponemos una excursión sonora por el bosque a lo largo de una jornada. Diferentes cantos y reclamos de las especies forestales se van sucediendo, encadenados, unos tras otros, según sus horas de máxima actividad. La cosa es así:
Madrugada: antes de que despunte el día, las totovías se espabilan y cantan a coro con autillos y grillos. Mañana: a primera hora predominan los zorzales. Como es primavera, los corzos lanzan sus ladridos de celo. Mediodía: el calor sólo deja activas a las chicharras y los pitos reales. Atardecer: el petirrojo, que en realidad canta durante todo el día y casi durante todo el año, es el último habitante diurno del bosque en callarse. Su llamada se confunde con el matraqueo crepuscular del chotacabras pardo. Noche: las siguientes horas son para los grillos, sapos parteros, autillos, alcaravanes, codornices, cárabos, alacranes cebolleros y demás noctámbulos.
Autores: María Sintes y Carlos de Hita